Historia de los Nocheterna

En esta ocasión tenemos mucho más de que hablar, puesto que la historia de los Nocheterna es amplia pero clara tras lo visto en Legión.

Los Nocheterna, también conocidos como los «shal’dorei» son los ciudadanos de Suramar. Antiguamente fueron Elfos de la Noche que se protegieron a sí mismos del Cataclismo que surgió tras la Guerra de los Ancestros, y que alzaron una barrera mágica para protegerse y sellar el portal demoníaco, gracias a los Pilares de la Creación.

Son poderosos usando la magia y pueden usarla para conjurar armas arcanas y armadura. La fuente de su poder es la Fuente de la Noche que se encuentra en el Palacio de Suramar. Esta fuente de poder la han estado usando durante milenios, pero siempre dentro de la ciudad. Y si alguien usaba la magia fuera de ella, dejaban de tener acceso a la Fuente de la Noche, empezando a perder así su poder. Sus cuerpos empezaban a ponerse cada vez más delgados y perdían su fuerza y convirtiéndose poco a poco en Marchitos. Este proceso, era irreversible.

Arcan’dor, Fal’dorei y los Marchitos

Antes de Malfurion, los Elfos de la Noche estudiaron con Cenarius durante un tiempo. Pero ninguno había aprendido los secretos Druídicos y su poder, ya que ninguno era digno de la confianza de Cenarius para aprenderlo. Aún así, aprendieron sus enseñanzas y acabaron llamándose Caminavalles y mantuvieron su naturalidad. Su camino era un camino solitario.

Al final, sus enseñanzas sirvieron para equilibrar a los Kaldorei, ya que el Pozo de la Eternidad siempre fue la gran fijación de éstos.

Los primeros magos de pleno derecho de los Kaldorei buscaron una manera de equilibrar el poder Arcano que salía del Pozo de la Eternidad, que tenía un gran poder. Los Caminavalles propusieron una solución, una manera de mantener sus antiguas raíces y recobrar la antigua conexión con el mundo natural que estaba a punto de olvidarse. Los Magos y los Caminavalles se unieron y como resultado salió el Arcan’dor, un árbol que equilibraría la Magia Arcana y la Naturaleza y que pudiera utilizarse sin destruir al que lo hiciera.

Pero el Arcan’dor era vulnerable. Requería un flujo constante de energía de las Líneas Ley de las cuales absorbía el poder Arcano para poder mantener sus raíces alimentadas. A medida que los Elfos de la Noche fueron obsesionándose más por el Pozo, abandonaron el árbol y el equilibrio que debía mantener; los Caminavalles fueron menguando y los secretos del Alcan’dor se fueron perdiendo. Y cuando llegó el Gran Cataclismo el mundo cambió y todos aquellos que sabían los secretos del Alcan’dor murieron… salvo uno: Farodin.

Farodin se convirtió en un ermitaño, viendo como el mundo se fue transformando. La mayor parte de su gente vivía en una distante Kalimdor, y lo que quedaba de Suramar fue dominado por Elisande que utilizó su esfera o barrera mágica para preservar la ciudad. Una ciudad que existía con la dependencia de la Fuente de la Noche creada con el Ojo de Aman’thul. El equilibrio se había perdido y Farodin vio que no podía hacer nada.

Pero cuando una serie de exiliados de Suramar llegaron al tiempo en ruinas de Fal’adora, lugar sagrado de Elune, los estuvo observando durante un tiempo. Se fijó que dependían del poder de la Fuente de la Noche por lo que el equilibrio había desaparecido por completo. Así que Farodin les reveló el poder de los Arcan’dor y les explicó su propósito de equilibrio y cómo podría funcionar en su dependencia hacia la Fuente de la Noche. Y funcionó durante un tiempo.

Y es que al final el resultado fue un desastre, ya que los exiliados fueron atrapados en una gran cascada de poder Arcano que los hizo monstruosos y acabó destrozando el Arcan’dor.

Los exiliados de Falanaar se convirtieron en unas criaturas retorcidas, una mezcla entre Elfos y Arácnidos. Así que Farodin recogió los restos del Arcan’dor y lo plantó en el Sagrario Sombra Lunar, protegiéndola para que los Fal’dorei no pudieran recuperarla. Y así fue hasta que Gul’dan trajo de nuevo a la Legión a Suramar.

Uno de los Marchitos que habían huido de Suramar tras la alianza de Elisande con la Legión, llegó al Sagrario Sombra Lunar y entró en contacto con la semilla del Arcan’dor. Así, alcanzó tal nivel de paz que alivió su hambre sin sentido y su locura. Queriendo saber más sobre esto, un Caído de la Noche viajó a Falanaar y presenció el robo de la semilla y trabajó con Farodin para recuperarla. Así que para evitar el mal uso de la semilla y preservarla, Farodin la plantó en Shal’Aran donde podía dibujar las Líneas Ley que cruzaban el lugar.

Trabajó con Thalyssra y otros Caídos de la Noche, y así el árbol llegó a la madurez. Estuvo a punto de colapsar y tuvo que viajar al Sueño Esmeralda para estabilizarlo y suministrarle la suficiente energía. Y al final el árbol acabó dando fruto que pudiera revertir la dependencia de los Caídos de la Noche hacia la Fuente de la Noche. Finalmente el Arcan’dor llegó a alcanzar el equilibrio.

Los Shal’dorei de Suramar

Hubo una vez, que la Gran Magistrix Elisaande fue la líder de un pequeño sector de los Altos Elfos hechiceros que servían a su vez a la Reina Azshara, y se encargaban de cazar antiguos secretos mágicos y objetos de poder. Tanto ella como sus seguidores se encontraban en la ciudad de Suramar, frente del Pozo de la Eternidad de Zin-Azshari. Y tuvieron éxito, ya que consiguieron artefactos, entre ellos uno de los más preciados: el Ojo de Aman’thul. Siendo fieles a la reina Azshara, nunca pensaron en usar estos artefactos, incluso cuando la Reina hizo el pacto con la Legión Ardiente.

La destrucción de Azsuna cuando Azshara destruyó la Piedramar de Golganneth y maldijo al Príncipe Farondis y a su gente a permanecer como fantasmas durante toda la eternidad, fue la primera vez que se dieron cuenta que algo no iba bien. Después, Azshara y sus aliados demoníacos intentaron abrir otro portal en el Templo de Elune frente a la bahía de Suramar. Algo tan grande y poderoso sobre el Pozo de la Eternidad que podría destruir la ciudad de Suramar por completo durante su apertura. Y así, Elisande se dio cuenta que ya no podía servir a Azshara, que se había vuelto loca o que no se preocupaba realmente por su gente. Tenía que hacer algo.

Utilizando el poderoso Ojo de Aman’Thul, tejió una barrera alrededor de Suramar, pese a que gran parte de la ciudad no estaba incluida en la barrera como el Templo de Elune. Y explotó el Pozo de la Eternidad, arrasando todo lo que no estaba dentro de la barrera.

Los supervivientes que se encontraban dentro de la barrera creyeron que eran los últimos Kaldorei, y vieron en Elisande a su salvadora. Pero ella no estaba tan segura ya que, pensando que el mundo exterior había sido destruido, no sabía cómo alimentar al pueblo, ya que las Líneas Ley que había bajo Suramar eran insuficientes para satisfacer a todos, por lo que todo el mundo moriría.

Así que volvió a fijarse en el Ojo de Aman’Thul para encontrar una solución: el mismo poder que había creado la barrera fue predefinido y lo unió con un último remanente del Pozo de la Eternidad, creando lo que se conoció como la Fuente de la Noche. Con todo ello, la barrera siempre se mantuvo levantada y a los Elfos que había dentro, siempre vivos, envueltos en un gran poder.

Se llamaron a sí mismos Shal’dorei, Hijos de la Noche o Nocheterna. Eran una sociedad aislada que se creía única, los últimos supervivientes del Gran Cataclismo. Y todo aquel que desobedecía las órdenes de Elisande, fue enviado al exilio.

Olvidaron la conexión con las Líneas Ley porque no las necesitaban gracias a su Fuente de la Noche. Y así, siguieron adelante durante más de diez mil años.

Pero empezaron a suceder cosas que fueron cambiando todo, empezando por el levantamiento del Templo de Elune antiguo por la Guardiana Aegwynn, que contenía el Avatar de Sargeras. Pese a que lo hundió de nuevo, los Brujos Orcos de Gul’dan volvieron y abrieron el portal que había sellado Elisande y no se pudo volver a cerrar con el Ojo de Aman’Thul.

Finalmente, Gul’dan volvió de nuevo con la Legión y atacaron Suramar y su defensiva barrera.

Pero Gul’dan no estaba interesado en destruir Suramar, quería la Fuente. Porque ésta en realidad tenía dos poderes de Titán: el Ojo de Aman’thul y el propio Azeroth. No se sabe qué quería hacer Gul’dan con ello.

Le ofreció a Elisande que le dejara entrar a la Legión en Suramar y poder acceder a la Fuente de la Noche, y a cambio dejaría vivir a su gente. Si rechazaba esta oferta, la Legión destruiría la barrera, arrasaría Suramar y mataría a todo aquel que se encontrara dentro, porque al final, conseguiría llegar a la Fuente de la Noche de una manera u otra.

Elisande siempre sintió que era, más que una líder, una protectora de su gente. Así que permitió a Gul’dan entrar en Bastión Nocturno y acceder al poder de la Fuente de la Noche, antes que ver a su pueblo morir por algo que protegió milenios antes.

Hubo mucha gente, como Thalyssra, que se revelaron contra esta decisión. Pero esta rebelión fracasó debido a la traición de Consejero Melandrus.

Y así, sin la barrera y con los demonios dentro, los Nocheterna tuvieron que adaptarse.

Se abrieron al mundo y descubrieron que no fueron los únicos supervivientes del Gran Cataclismo, viendo que había Elfos de la Noche en las Islas Abruptas y más allá de ellas. Y además, los exiliados de Suramar seguían vivos y se habían convertido en Caídos de la Noche y conservaban hasta cierto punto algunas de sus facultades, aunque otros no lo habían conseguido y se habían convertido en Marchitos. Pero más allá de todo esto, había un mal más que se movía por las entrañas de Suramar, los Fal’dorei, unas criaturas monstruosas.

Estaban rodeados de peligros.

Tyrande y los Nocheterna

A lo que vamos, ¿cómo es posible que los Nocheterna se hacen aliados de la Horda, si al fin y al cabo son familia de los Elfos de la Noche? La semana pasada ya vimos qué pasó con los Elfos del Vacío, más acordes a simple vista con la Horda, que en realidad son de la Alianza. Vamos ahora a ver a los Nocheterna.

No hay mucho que aclarar, porque si analizamos la historia de Tyrande y los Elfos de la Noche, podemos empezar a ver por dónde van los tiros.

Los Nocheterna de Suramar son remanentes de los Altonato. Mientras el mundo fue arrasado, tal como vimos anteriormente, Suramar permaneció tal como siempre fue. Y Suramar tiene un significado especial para Tyrande, porque fue su hogar como lo fue para Malfurion y para Illidan. De allí vienen las sacerdotisas del Templo de Elune.

En esta ciudad, Broxigar fue capturado hasta que Malfurion le liberó. Suramar es el punto inicial, junto con Zin-Azshari, de todo el núcleo demoníaco de la Legión durante la Guerra de los Ancestros. Mientras que para todos es un lugar emblemático e histórico, para Tyrande y para aquellos que son de allí, son recuerdos de los tiempos en los que los kaldorei anhelan olvidar la guerra que destrozó el mundo.

Los Nocheterna han estado encerrados, y también han estado preservados por un pedazo del Pozo de la Eternidad. Y han usado un artefacto de Titán para cambiar el Pozo, convirtiéndolo en su Fuente. Y el lugar que una vez Tyrande consideró hogar, ya no tiene nada que ver con lo que fue. Aunque parezca igual físicamente, los ciudadanos ya no son los kaldorei que una vez fueron y lucharon contra los Altonato en la guerra.

No se han desprendido de la magia arcana.

Y pese a que Suramar fue el hogar de Tyrande, ya no lo es. Tyrande y Malfurion tienen claro cuál es su opinión sobre el Pozo de la Eternidad y la magia arcana. Illidan fue desterrado durante más de diez mil años por intentar recrear el Pozo en el Monte Hyjal y los Altonato que sobrevivieron fueron desterrados de Kalimdor por insistir en utilizar la magia Arcana.

Tanto Tyrande, como Malfurion e Illidan, jugaron papeles importantes durante la Guerra de los Ancestros y recuerdan qué causó esta guerra: La Reina Azshara hizo un pacto con la Legión Ardiente. Si los Altonato no hubiesen sido tan temerarios con la magia quizá la Legión Ardiente no hubiera descubierto Azeroth. Si Azshara no hubiese tenido tanta sed de poder quizá no hubieran muerto tantos inocentes. Y con esto piensan que las elecciones de los kaldorei que hicieron tras la guerra fue un acto directo de lo que habían visto durante la guerra. No querían que volviera la Legión Ardiente.

Lo que vemos en la civilización de Suramar, no es más que una continuidad de lo que se ha visto con los Altonato, como estructuras en base a la clase y sociedad y la práctica de la magia.

Tyrande ayudó a los Nocheterna en su momento de más necesidad. Pero siente que no les debe nada.

Son sus parientes, pero están en el mismo estado en el que estaban durante la Guerra de los Ancestros. Un líder tirano que llega a un acuerdo con la Legión Ardiente, mientras que la vida y libertad de los shal’dorei entran en juego.

Al final, tenemos a Thalyssra y Tyrande en una conversación inicial durante la campaña de Suramar. Tyrande le expresa claramente sus preocupaciones sobre los Nochetenra. Los Altonato se unieron una vez a la Legión y trajeron la Guerra de los Ancestros. Los Nocheterna se aliaron con la Legion y trajeron a Suramar la destrucción. ¿Qué pruebas tiene Tyrande para que esto no suceda una tercera vez?

Ofrece ayuda a los kaldorei para destruir a la Legion y ve como la Fuente de la Noche es destruida. Pero no vemos más de la conversación de Tyrande y Thalyssra, y Tyrande acaba alejándose tras la batalla porque la sabiduría de Elune le guía para hacerlo y para alejarse de los Nocheterna. No tenemos nada más.

Lo que si tienen los shal’dorei es el apoyo continuo de Lady Liandrin y los sin’dorei. Y aquí es donde vemos el motivo principal por el que se unen a la causa de la Horda.

Creadora de Sombras en Azeroth, que nació para contar la historia de mi personaje dentro del maravilloso mundo de World of Warcraft, mostrando el sendero de una Bruja.

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